El pasado 25 de septiembre se llevaron a cabo las elecciones generales de Italia, en donde la coalición de derechas logró el 44% de los votos tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Esta coalición se compone por los partidos ultra de Hermanos de Italia y la Liga, y por la Forza Italia de Silvio Berlusconi, siendo el partido de Meloni el más votado. La victoria de esta corriente provoca la consolidación de la ultraderecha en Italia, que gana las elecciones por primera vez en la historia.
Según El País, una de las razones de estos resultados
es el fracaso de la estrategia del bloque progresista cuyos componentes -además
de experimentar una enorme disminución en sus votantes- no fueron capaces de
llegar a un acuerdo entre sí para componerlo. A esto hay que sumar el enorme
crecimiento del partido de Meloni, que ha pasado de tan sólo un 4% de los votos
en las elecciones de 2018 al actual 26%, viéndose también favorecido por una marcada
abstención en el sur del país. Los Hermanos de Italia han sabido
aprovechar el descontento de los derechistas con la Liga, de hecho, es
algo que se aprecia en la participación, y es que tan solo un 64% de la
población acudió a las urnas, reflejando así el gran desinterés de la
ciudadanía por la política, el peor resultado desde 1979. Por ello, Meloni ha
arrasado con sus votantes, que buscaban aire fresco en estas elecciones y se
han decantado por la creciente formación de derecha como alternativa para el gobierno.
Aún así, la líder de los Hermanos de Italia deberá aliarse con la Liga
y Forza Italia si desea formar un nuevo gobierno italiano en el que
Meloni parece ser la clara favorita para liderar.
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